Nuestra Señora Aparecida
¡Oh incomparable Señora de la Concepción Aparecida!, Madre de Dios, Reina de los Ángeles, Abogada de los pecadores, Refugio y Consuelo de los afligidos y atribulados, Virgen Santísima, llena de poder y de bondad, pon sobre nosotros una mirada favorable para que seamos socorridos por ti en todas las necesidades en que nos hallemos. Acuérdate, oh clementísima Madre Aparecida, que nunca se oyó decir que alguno de los que han recurrido a ti, invocado tu santísimo nombre e implorado tu singular protección, fuese por ti abandonado. Animados con esta confianza, a ti recurrimos. Te tomamos hoy y para siempre por nuestra Madre, nuestra protectora, nuestro consuelo y guía, nuestra esperanza y luz en la hora de la muerte. Amén.